Qué sabemos del carbono forestal en la Amazonía

El 22 de octubre se transmitió el webinar “¿Qué sabemos del carbono forestal? Datos y tendencias al 2030”, organizado por la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG), y Woodwell Climate Research Center (WCRC) con apoyo de la Iniciativa Internacional de Clima y Bosques de Noruega (NICFI). En éste se presentaron los resultados del estudio “Dinámica del carbono aéreo almacenado en los bosques de la Amazonía biogeográfica al 2030”, que ofrece la base técnica más reciente sobre el estado del carbono amazónico, en el que Fundación EcoCiencia , como socio de RAISG, presenta los datos para el Ecuador.

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Metodología: un enfoque geoespacial integral

El estudio analizó los cambios temporales del carbono forestal aéreo en la Amazonía biogeográfica, que abarca aproximadamente 7 millones de km², integrando información satelital y análisis territoriales multitemporales.

Se desarrolló un modelo geoespacial que combinó tres componentes principales:

1. Cambio de cobertura y uso del suelo (2000–2023): con datos de MapBiomas Amazonía (colección 6).

2. Unidades territoriales diferenciadas: comparación entre Territorios Indígenas (TI), Áreas Naturales Protegidas (ANP) y otras tierras.

3. Estimación de biomasa y carbono: uso de sensores Landsat, Sentinel y LiDAR (Chloris Geospatial – WCRC) junto con algoritmos de aprendizaje automático, para modelar el contenido de carbono aéreo y sus variaciones en el periodo 2023 – 2030.

Este enfoque permitió evaluar no solo la pérdida de cobertura forestal, sino también la relación entre gobernanza territorial, estabilidad ecológica y capacidad de captura de carbono.

Entre los resultados, se obtuvo que entre 2016 y 2023, la Amazonía perdió áreas boscosas e incrementó las tierras agropecuarias, especialmente en regiones sin protección legal o comunitaria. Las mayores tasas de transformación se concentran en el sur, sureste y occidente de la cuenca, zonas donde la pérdida de bosque ha sido más acelerada desde 2016.

Incluso los bosques considerados estables (entre los años 2000 – 2023), muestran signos de degradación, lo que confirma que el deterioro ecológico no se limita a la deforestación visible, sino que se asocia también con procesos de estrés climático.

Asimismo, los resultados indican que, entre 2000 y 2023, la Amazonía biogeográfica perdió 5.700 millones de toneladas de carbono aéreo (MtC), equivalente a una reducción del 6,3 % del carbono almacenado en sus bosques.

La pérdida de carbono es heterogénea y se asocia tanto a presiones humanas como al aumento de anomalías térmicas (olas de calor, sequías más intensas y mayor temperatura promedio).

Por tipo de unidad territorial:

· Territorios Indígenas: pérdida de 3,7 %.

· Áreas Naturales Protegidas: pérdida de 3,4 %.

· Otras tierras: pérdida de 12,9 %, evidenciando la vulnerabilidad de las zonas sin protección.

En los bosques estables, la pérdida promedio es de 2,5 %, lo que demuestra una degradación progresiva incluso en ecosistemas con cobertura persistente.

Bajo este contexto, el modelaje de escenarios al 2030 advierte que la pérdida de carbono continuará en todos los casos, pero con variaciones significativas según el nivel de gobernanza y protección territorial.

Datos del proyecto Ciencia y Saber Indígena

Los resultados confirman que los Territorios Indígenas y las Áreas Naturales Protegidas son barreras efectivas contra la pérdida de carbono. Donde existen estructuras de gobernanza, los bosques mantienen su capacidad de captura. Donde desaparecen, el carbono se libera más rápido y el equilibrio climático regional se deteriora.

Implicaciones para las NDC: justicia y eficiencia climática

La Amazonía es clave para cumplir las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC) de los países de la región. Más del 45 % de sus bosques está bajo gestión indígena, y más del 50 % del carbono amazónico se encuentra en estos territorios.

Sin embargo, la participación indígena en la gobernanza climática sigue siendo limitada. Para lograr metas de mitigación y adaptación reales, las políticas deben:

· Reconocer jurídicamente y fortalecer los territorios indígenas.

· Garantizar financiamiento directo para conservación y monitoreo comunitario.

· Integrar el conocimiento tradicional y la ciencia en los sistemas de Monitoreo, Reporte y Verificación (MRV).

· Fortalecer la cooperación amazónica más allá de las fronteras nacionales.

El cumplimiento de las NDC no será posible sin la inclusión efectiva de los pueblos indígenas, porque la estabilidad del clima global depende de los territorios que mantienen el carbono amazónico en los bosques en pie.

Para comprender este alcance, es clave comprender la data.

· 5.700 millones de toneladas de carbono aéreo perdidas entre el 2000–2023.

· 6,3 % de reducción del carbono almacenado en los bosques amazónicos.

· 45 % de los bosques amazónicos bajo gestión indígena.

· Más del 50 % del carbono amazónico se encuentra en territorios indígenas.

· En escenarios sin protección, el carbono podría reducirse hasta un 3,5 % adicional al 2023.