Carbono en riesgo: lo que revelan los bosques amazónicos

22 de diciembre de 2025. La Amazonía biogeográfica es uno de los principales reguladores del clima del planeta gracias a la enorme cantidad de carbono que almacenan sus bosques, sin embargo, esta función vital se encuentra cada vez más amenazada por la deforestación, la degradación de los bosques y el aumento de eventos climáticos extremos, factores que están reduciendo su capacidad de almacenamiento y, en algunos casos, convirtiendo a los ecosistemas amazónicos en fuentes netas de emisiones. 

El reporte Dinámica del carbono aéreo almacenado en los bosques de la Amazonía biogeográfica al 2030 muestra que, en las últimas décadas, la región ha transitado de ser un gran sumidero de carbono a presentar pérdidas netas en amplias zonas, como resultado de la deforestación, la degradación forestal y la intensificación del cambio climático.

El estudio, elaborado por la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG), analiza la dinámica del carbono aéreo entre 2000 y 2023 y proyecta escenarios al 2030, integrando datos satelitales, modelación espacial y variables de gobernanza territorial. EcoCiencia forma parte activa de esta red amazónica, aportando análisis, interpretación de datos y generación de evidencia para la toma de decisiones regionales.

Uno de los hallazgos más relevantes del reporte es que más del 60 % de la Amazonía ha presentado pérdidas netas de carbono  en las últimas dos décadas, especialmente en zonas con mayor presión antrópica, como el arco de deforestación del sur y sureste amazónico. Estas pérdidas no solo responden a la deforestación directa, sino también a procesos menos visibles de degradación forestal —como tala selectiva, incendios de baja intensidad y fragmentación— que reducen silenciosamente la biomasa y la capacidad de los bosques para capturar CO?.  En conjunto, estas presiones erosionan silenciosamente la capacidad de los bosques para seguir capturando carbono, incluso cuando la cobertura forestal aparenta mantenerse estable.

En el caso de Ecuador, los resultados son especialmente preocupantes. Entre 2003 y 2020, la Amazonía ecuatoriana perdió aproximadamente 39 millones de toneladas de carbono forestal, una cifra que refleja una tendencia clara y sostenida hacia la disminución del carbono almacenado en sus bosques. Los análisis muestran que, lejos de estabilizarse, la tendencia de almacenamiento de carbono forestal en la región amazónica ecuatoriana es a la pérdida, lo que incrementa la vulnerabilidad climática del país y reduce la capacidad de sus ecosistemas para mitigar el cambio climático.

El estudio también demuestra que los cambios en el uso del suelo —principalmente la expansión de la frontera agropecuaria, la minería y la infraestructura— son los principales detonantes de esta pérdida de carbono. Estas transformaciones están estrechamente vinculadas a factores de accesibilidad, como la cercanía a carreteras y ríos, así como a condiciones biofísicas del territorio. Allí donde el bosque es reemplazado por usos antrópicos, el carbono acumulado durante décadas o siglos se libera rápidamente a la atmósfera, intensificando la crisis climática.

Frente a este escenario, la gobernanza territorial emerge como un factor determinante. Los territorios indígenas y las áreas naturales protegidas presentan, en promedio, menores tasas de pérdida de carbono y mayor estabilidad de la biomasa forestal. Esto evidencia que los sistemas de gestión territorial con enfoque de conservación y los conocimientos tradicionales desempeñan un papel fundamental como barreras frente a la degradación, incluso en contextos de alta presión extractiva.}

Foto: Daniel Chamba / Fundación EcoCiencia.

“Vivimos un momento crítico: la Amazonía está cerca del punto de no retorno. Desde RAISG ofrecemos datos y análisis clave para orientar políticas, programas y alianzas más efectivas, que fortalezcan a los pueblos indígenas, comunidades locales y gobiernos en la defensa del territorio amazónico”, señaló Angélica García, Secretaría Ejecutiva de la RAISG.

El análisis prospectivo al 2030 advierte que, sin cambios estructurales en las políticas públicas y en los modelos de uso del territorio, la pérdida de bosques y de carbono continuará. Los escenarios más críticos muestran reducciones significativas del carbono almacenado, mientras que los escenarios regulados —con mayores controles y fortalecimiento de la gobernanza— permiten atenuar las pérdidas, aunque no revertirlas completamente. Esto subraya la urgencia de actuar de manera preventiva y basada en evidencia científica.

Desde EcoCiencia, estos resultados refuerzan la necesidad de fortalecer los sistemas de monitoreo, integrar datos satelitales con información de campo y promover políticas públicas que reconozcan el rol estratégico de los bosques amazónicos y de los pueblos que los habitan. Proteger el carbono forestal de la Amazonía ecuatoriana no es solo una cuestión ambiental: es una decisión clave para la resiliencia climática, la seguridad ecológica y el bienestar de las generaciones presentes y futuras.

Accede al reporte “Dinámica del carbono aéreo almacenado en los bosques de la Amazonía biogeográfica al 2030”