Quito, 23 de marzo, 2026— Los glaciares del Ecuador continúan en una trayectoria de pérdida sostenida, pese a que los datos más recientes muestran un aparente incremento en su superficie durante el último año. Este comportamiento, lejos de indicar una recuperación real, responde a condiciones climáticas temporales que pueden inducir a interpretaciones erróneas si no se analizan en su contexto.
El análisis histórico de la cobertura glaciar evidencia una tendencia clara y preocupante. Desde 1985, los glaciares del país han experimentado una reducción progresiva de su superficie, alcanzando en 2024 uno de los puntos más críticos. Aunque en 2025 se observa un incremento en la cobertura glaciar, este responde a acumulación temporal de nieve y no a una regeneración estructural del sistema.
A nivel de cada montaña, los datos confirman que esta dinámica es generalizada, aunque con diferentes niveles de afectación.
En el volcán Antisana, uno de los complejos glaciares más importantes del país, la superficie pasó de 2.075 hectáreas en 1985 a 1.185 hectáreas en 2024, lo que representa una pérdida del 42,9%. En 2025 se registra un incremento hasta 1.398 hectáreas, asociado a acumulación de nieve, pero que no revierte la tendencia de fondo.
En el volcán Cayambe, el único glaciar ecuatorial del mundo, la cobertura se redujo de 2.108 hectáreas en 1985 a 1.225 hectáreas en 2024, equivalente a una pérdida del 41,9%. En 2025 aumenta a 1.417 hectáreas, reflejando nuevamente un fenómeno temporal vinculado a precipitaciones.
En el volcán Cotopaxi, la pérdida es aún más marcada: de 1.472 hectáreas en 1985 a 672 hectáreas en 2024, lo que representa una reducción del 54,4%. En 2025, la superficie aumenta a 986 hectáreas, evidenciando alta variabilidad interanual.
En el volcán Chimborazo, el glaciar más alto del país, la superficie disminuyó de 1.235 hectáreas en 1985 a 747 hectáreas en 2024, con una pérdida del 39,5%. En 2025 se registra un incremento a 868 hectáreas, sin que esto implique una recuperación estructural.
En el volcán El Altar, los datos muestran una de las reducciones más drásticas: de 1.481 hectáreas en 1985 a 599 hectáreas en 2024, lo que equivale a una pérdida del 59,5%. En 2025, la cobertura aumenta a 1.029 hectáreas, impulsada por acumulación de nieve.
En el volcán Iliniza, el retroceso es crítico: de 105 hectáreas en 1985 a apenas 8 hectáreas en 2024, lo que representa una pérdida del 92,1%. En 2025 se registra un incremento a 25 hectáreas, aunque sigue siendo uno de los sistemas más degradados.
El caso más extremo es el del volcán Carihuairazo, donde el glaciar prácticamente desapareció, pasando de 69 hectáreas en 1985 a 0 hectáreas en 2024, alcanzando una pérdida del 100%. En 2025 se detectan 5 hectáreas, que corresponden a nieve temporal y no a la recuperación del glaciar.
En todos los casos, es fundamental entender que la nieve detectada recientemente no constituye hielo glaciar consolidado. La formación de glaciares requiere procesos de compactación y persistencia a lo largo del tiempo, condiciones que no se evidencian en estos incrementos recientes. Por tanto, estos cambios son temporales y altamente variables, y no alteran la tendencia general de retroceso.
A pesar de estos repuntes puntuales, la tendencia de fondo sigue siendo inequívoca. La pérdida de masa glaciar se mantiene en el largo plazo, evidenciando la alta sensibilidad de estos ecosistemas frente al aumento de temperaturas y la variabilidad climática.
La desaparición progresiva de los glaciares tiene implicaciones directas para el país. Afecta la disponibilidad de agua, especialmente en épocas secas, impacta los sistemas productivos andinos y pone en riesgo la estabilidad de los ecosistemas de alta montaña. Asimismo, compromete los medios de vida de comunidades locales que dependen de estos recursos.
Los datos del último año subrayan la importancia de comunicar estos fenómenos con claridad. Un aumento puntual puede generar falsas percepciones si no se distingue entre nieve temporal y hielo glaciar. Comprender esta diferencia es clave para evitar interpretaciones erróneas y para orientar decisiones informadas.
Los datos estará disponibles en la plataforma MapBiomas a partir septiembre de este año.



